4 oct 2012


La abuela y su aceite de rosas.
La abuela Fátima de las nubes, contaba que lo único que trajo consigo cuando dejó la casa de sus padres, al otro lado del río, fue un marido estorboso y un frasquito de aceite de rosas. Contaba las historias mas increíbles de toda la ciudad, desde los cazadores amarillos de leones, que entraron persiguiendo a una fiera enorme, hasta los efectos mágicos, que producía su misteriosa esencia de rosas. Siempre que salíamos a pasear nos ponía ( a las nietas) 2 "goticas," como solía decir, una detrás de cada oreja, por que "es oro molido, mijitas, y con esto, los van a enloquecer". Bueno pues, nos sentíamos soñadas, divinas, capaces de alcanzar todos nuestros sueños. La abuela nos enseño también a preparar deliciosos platillos, con solo 1 "gotica" de su mágico aceite, para hacerlos "caer a nuestros pies, y volverlos a levantar"; y cuando estábamos tristes, desconsoladas, nos untaba una gotica en el corazón. Los tiempos de la abuela Fátima de las nubes terminaron, pero su magia y el aceite de rosas continúan presentes en nuestras vidas.

Más del país del chontaduro, mango biche y borojó...


Eran los últimos días, de mi acostumbrada visita a este maravillso país. Tenía infinidad de cosas que hacer, ya saben, los encargos ajenos, los propios, café, dulces, salsas y otras delicias más. Pido un taxi, al cual espero, siempre sentada en una banca frente al río; ver el paisaje, su color, oir el fluir de sus aguas, el olor de la vegetación que lo rodea; me lleva a recuerdos de mi infancia, la casa de mis padres, los paseos con mi abuela, las salidas con mis compañeros de clase. Pasan menos de 8 minutos y llega, siempre miro la cara del chofer antes de subirme, a ver que impacto me ocasiona.
--Nada en particular, me dije, un poco flaco.
Me acomodé, le dí la clave de siempre, y antes de decirle a donde me quería dirigir, se volteó, suspiró, y me dijo:
-Sra., con su permiso, pero huele ud. riquísimo.
Como así, pensé! Quedé en estado de mudez total. Como me podía decir algo así el taxista, ay!! no me vaya a pasar algo con este tipo!!.
-Huele a jazmines, me dijo nuevamente.
Sonreí, un poco nerviosa debo admitir, y contesté:
-Son rosas, no jazmín.
Bastante parca en mi respuesta la verdad, por que no quería que percibiera mi nerviosismo.
A lo cual el respondió:
-Nooo, a mi me huele a jazmín, por que es el típico olor que me eleva.
De repente pensé, no nos vayamos a levantar con taxi y todo, por que este señor estaba en un estado de "éxtasis odorífero", la cosa más rara que me haya sucecido.
Me preguntó, si alguna vez yo, me había acercado a las 10 de la noche junto a los jazmines, para percibir el olor de esas flores, que lo elevaban tanto, volvió a repetir.
Ay,dijo, es que es un olor..., es que yo tengo un olfato ..., le puedo detectar los perfumes de las personas que se suben a mi taxi, el aliento de esos pasajeros que hulen a... , el olor de esa carne frita que le doran cebollita por encima...
Así, pasamos 20 minutos hablando de hierbas, flores y maderas, me daba consejos de que perfumes podía yo usar, lociones masculinas, fijadores, de personas que se subían a su taxi; le recomendé que viera la película de el perfume, hasta que llegué a mi destino.
Saliendo del carro, le dije:
-Bueno, acuerdese de mí, este es el olor de rosas.
- Sra., nunca olvidaré su olor, respondió con un suspiro.

Así, llego al final de este recorrido, que me dejó una satisfacción enorme, el saber, que en los lugares menos esperados, y de las personas que jamás haya imaginado, consideran los olores como una parte importantisima de sus vidas y que saben apreciar las diversas delicias aromáticas!!!
Hasta la próxima.